Una tienda online tiene una ventaja evidente frente a un negocio tradicional ya que con una inversión relativamente pequeña ya puedes empezar a vender. Esa barrera de entrada mucho más baja ha permitido que muchas empresas y emprendedores puedan lanzar sus proyectos sin asumir el coste que supondría abrir una tienda física. Sin embargo, esa ventaja también puede llevar a pensar que, al costar menos ponerla en marcha, también requiere mucho menos esfuerzo mantenerla.
Nuestra experiencia nos ha enseñado que lo anterior es una verdad a medias porque, si bien hay aspectos que efectivamente requieren menos esfuerzo, hay otros que un negocio tradicional no contempla. Es decir, que no hay que olvidar que una tienda online es un negocio, y los negocios necesitan dedicarles tiempo.
Puede parecer una obviedad, pero es una reflexión que aparece con frecuencia cuando hablamos por primera vez con alguien que quiere vender por Internet. Lo habitual es que imagine el resultado final, ya sea un catálogo de productos, un carrito de compra, una pasarela de pago y los primeros pedidos llegando. Lo que todavía no suele tener en cuenta es todo el proceso necesario para que ese negocio funcione, y precisamente ahí es donde empieza realmente el proyecto para nosotros.
Tras el escaparate hay mucho más
Cuando entramos en una tienda física nadie se sorprende de que detrás exista un almacén, proveedores, empleados, publicidad o una persona pendiente de que todo funcione. Aunque no pensemos en ello cada vez que compramos, todos asumimos que un negocio requiere una enorme cantidad de trabajo más allá del escaparate. Es una realidad tan evidente que ni siquiera solemos cuestionarla.
Con una tienda online ocurre algo diferente. Como el escaparate es una página web, resulta mucho más fácil pensar únicamente en el resultado y olvidar todo el proceso que hay detrás. El cliente imagina el catálogo, el carrito de compra o los primeros pedidos, pero rara vez se detiene a pensar en todo lo que hace falta para que eso ocurra. Ahí es donde suelen aparecer las falsas expectativas, porque la tienda puede estar publicada y, sin embargo, el verdadero trabajo no ha hecho más que empezar.
Curiosamente, el negocio no ha cambiado tanto. Lo que cambia es nuestra percepción. La propia naturaleza de un negocio físico nos lleva a asumir que detrás existe una infraestructura y un trabajo constante para que todo funcione, aunque buena parte de ese trabajo nunca llegue a ser visible para el cliente. En una tienda online sucede justo lo contrario. El soporte digital hace que el negocio parezca más simple de lo que realmente es y, precisamente por eso, resulta mucho más fácil reducir el proyecto a una página web y olvidar que detrás siguen existiendo procesos y decisiones que hacen posible que ese negocio funcione.
Todo lo que hace funcionar una tienda online
Desarrollar la plataforma es solo una parte del trabajo. Antes de recibir el primer pedido habrá que preparar el catálogo de productos, redactar los contenidos, hacer fotografías, contratar una pasarela de pago, definir cómo se realizarán los envíos o resolver toda la parte legal relacionada con la venta online y la protección de datos. Después llegará el momento de mantener la plataforma actualizada, realizar copias de seguridad, protegerla frente a posibles incidencias y atender a los clientes cuando surja cualquier problema.
Pero aquí no acaba el asunto, porque una vez que todo eso está preparado, aparece un reto igual de importante: conseguir que alguien llegue hasta la tienda y compre el producto.
Una tienda física tiene personas que pasan por delante todos los días y eso hace que, simplemente por estar allí, alguien pueda entrar. Pero con una tienda online ocurre justo lo contrario. Si nadie sabe que existe, difícilmente podrá vender, por lo que el posicionamiento web, la publicidad o las redes sociales dejan de ser un complemento para convertirse en una parte más del propio negocio.
Todo ese trabajo suele pasar desapercibido cuando pensamos en una tienda online, pero es precisamente el que hace posible que siga funcionando una vez publicada. Por eso solemos dedicar bastante tiempo a hablar de todo esto antes incluso de empezar un proyecto. Entender cómo va a funcionar el negocio suele ser mucho más importante que decidir con qué tecnología se va a desarrollar.
Lo que realmente marca la diferencia
Tras años creando tiendas hemos comprobado que las que mejor funcionan no son necesariamente las que cuentan con más funcionalidades ni las que utilizan una tecnología concreta. La diferencia suele encontrarse en la persona o en la empresa que hay detrás y, sobre todo, en cómo entiende el proyecto que está poniendo en marcha.
Hay clientes que llegan con una idea muy clara del negocio que quieren construir. En la primera conversación ya explican cómo piensan vender, cómo gestionarán los pedidos, cuál será su público o qué estrategia seguirán para darse a conocer. En esos casos las preguntas que hacemos cambian por completo porque dejan de girar alrededor de la plataforma y pasan a centrarse en cómo desarrollar la herramienta que mejor responda a un negocio que ya tiene una dirección definida.
Sin embargo también nos ocurre justo lo contrario. Hay quien llega pensando únicamente en la tienda online y, poco a poco, descubre que en realidad está montando un negocio. No es una situación extraña ni mucho menos negativa. De hecho, es bastante habitual que durante esas primeras conversaciones aparezcan cuestiones que el cliente todavía no se había planteado y que le ayudan a entender mejor el camino que tiene por delante.
Solemos decir que crear una tienda online no son los cien metros lisos, sino una carrera de fondo. Puede empezar con mucho entusiasmo, pero necesita tiempo, constancia y una estrategia para seguir creciendo cuando desaparece la ilusión de las primeras semanas. Quien es capaz de entenderlo y aplicarlo, tendrá más probabilidades de que el negocio prospere-
No siempre recomendamos empezar por una tienda online
Aunque pueda parecer contradictorio, en algunas ocasiones hemos recomendado no desarrollar una tienda online desde el principio. No porque pensemos que vender por Internet no sea una buena idea, sino porque entendemos que cada proyecto tiene su momento y que intentar abarcar demasiado desde el inicio puede convertirse en un problema.
Si un negocio todavía no tiene definidos aspectos básicos como la forma de gestionar los pedidos, los métodos de envío, la parte legal o incluso la propia identidad de la empresa, muchas veces resulta más sensato empezar por una web corporativa donde mostrar los productos y facilitar el contacto con los clientes. Esa primera fase permite validar la idea, empezar a darse a conocer y ganar experiencia antes de afrontar una inversión mayor.
Cuando el proyecto madura, esa misma web puede evolucionar de forma natural hasta convertirse en una tienda online preparada para crecer junto con el negocio. Es la misma filosofía con la que abordamos cualquier otro proyecto. La tecnología debe adaptarse a las necesidades de la empresa y no al revés, y esa forma de entender el desarrollo es la que aplicamos en nuestro servicio de desarrollo de tiendas online.
El objetivo no es publicar una tienda, sino hacerla funcionar
Nadie puede garantizar que una tienda online vaya a tener éxito, por mucha proyección que se haga. Igual que ocurre con cualquier otro negocio, siempre existe un componente de riesgo que no depende únicamente de la tecnología. Lo que sí hemos aprendido es que las decisiones suelen ser mejores cuando quien está detrás entiende desde el principio todo lo que implica poner en marcha un proyecto de este tipo.
Después de todo lo anterior, la plataforma ocupa el lugar que realmente le corresponde. Es una herramienta imprescindible, sí, pero sigue siendo solo una herramienta. El objetivo del negocio no es tener una buena tienda online, sino vender un producto o un servicio. La tecnología debe facilitar ese objetivo, nunca sustituirlo.
Una tienda online puede empezar con una plataforma muy sencilla y terminar convirtiéndose en un gran negocio, o disponer de todas las funcionalidades imaginables y no llegar nunca a despegar. La diferencia casi nunca está en la página web, sino en el negocio que hay detrás y en las personas que están dispuestas a dedicarle el tiempo necesario para hacerlo crecer.