La señalética tiene una particularidad frente a otros trabajos de diseño gráfico. No basta con que funcione sobre el papel. Su utilidad depende en buena medida del lugar en el que se instala, de cómo se relaciona con el entorno y de las condiciones en las que las personas van a encontrarse con ella.
Un elemento puede estar perfectamente diseñado, tener una buena legibilidad y respetar la identidad visual de un negocio, pero resultar poco útil si se encuentra en un lugar inadecuado. Una indicación que aparece demasiado tarde, un directorio que obliga a detenerse en mitad de una zona de paso o un rótulo que queda oculto desde determinados puntos de vista pueden perder buena parte de su función.
Por eso, al diseñar señalética, el espacio no es simplemente el lugar donde vamos a colocar nuestro trabajo. Es uno de los elementos que determina cómo debemos plantearlo.
El espacio también impone sus reglas
Cada local tiene sus propias características y no siempre ofrece las condiciones que nos gustaría encontrar. Hay puertas, pilares, instalaciones, cambios de altura, superficies que no admiten determinados sistemas de fijación y elementos arquitectónicos que no podemos modificar. Todo ello condiciona dónde podemos colocar la señalética y qué soluciones resultan viables.
Cuando el espacio ya está construido, una visita permite identificar muchas de estas cuestiones antes de empezar a diseñar. Observar los recorridos, comprobar desde dónde se verá cada elemento o fotografiar las zonas de instalación ayuda a detectar problemas que difícilmente aparecerían trabajando únicamente con medidas.
En una ocasión necesitábamos colocar un recurso gráfico de gran tamaño sobre una puerta para orientar a los visitantes. Era la ubicación adecuada para que cumpliera su función, pero justo encima había una rejilla de ventilación que ocupaba buena parte de la superficie disponible. Desplazar el elemento hacia un lado hacía que perdiera su relación con la puerta y situarlo más arriba comprometía su visibilidad.
La solución fue llevar el soporte hacia delante, separándolo de la pared lo suficiente para que la ventilación pudiera seguir funcionando por detrás. No tuvimos que cambiar el mensaje ni renunciar a la ubicación prevista. Lo que modificamos fue la manera de materializarlo.
Este tipo de situaciones son relativamente habituales en proyectos de señalética. La solución no siempre está en cambiar el diseño gráfico. En ocasiones hay que buscarla en el soporte, el sistema de instalación o la forma de aprovechar el espacio.
La dificultad aumenta cuando el local todavía se encuentra en obras. Los planos permiten conocer la distribución prevista, pero no siempre reflejan con suficiente precisión cómo se percibirá el espacio una vez terminado. Además, durante una reforma pueden producirse cambios que afecten a las superficies disponibles o a la ubicación de determinadas instalaciones. En estos casos hay que anticipar más decisiones y mantener cierto margen para ajustarlas cuando el espacio empiece a tomar su forma definitiva.
El presupuesto también condiciona las soluciones
El presupuesto forma parte de las condiciones de cualquier proyecto y en señalética tiene una influencia especialmente directa. No solo estamos diseñando elementos gráficos. También hay que fabricarlos, transportarlos y colocarlos, y cada una de esas operaciones tiene un coste.
Una misma necesidad puede resolverse mediante un vinilo aplicado directamente sobre una superficie, una placa, un elemento corpóreo o una estructura fabricada específicamente para el espacio. Las posibilidades son numerosas, pero no todas tienen sentido para cualquier encargo.
El material más llamativo o el sistema de instalación más elaborado no tienen por qué ser los más adecuados. En ocasiones una solución sencilla, bien situada y correctamente integrada en el entorno cumple mejor su función que otra mucho más costosa.
Esto obliga a valorar las alternativas desde el principio. El tamaño, los materiales, los acabados o el número de elementos pueden modificar considerablemente el coste de producción. También hay decisiones aparentemente pequeñas, como utilizar un soporte que requiere una instalación especial, que pueden tener consecuencias importantes en el presupuesto.
Trabajar con recursos limitados no significa necesariamente renunciar a una buena solución. Puede llevarnos a simplificar elementos, aprovechar superficies existentes o plantear sistemas de fabricación diferentes. La cuestión está en saber qué aspectos son esenciales para que la señalética funcione y dónde podemos introducir cambios sin comprometerlos.
Una buena idea tiene que poder fabricarse
En diseño gráfico podemos plantear soluciones visualmente muy atractivas que después resultan difíciles de producir, instalar o mantener. Por eso, cuando trabajamos con señalética, las características del soporte y las posibilidades de fabricación forman parte de las decisiones de diseño.
No todos los materiales admiten los mismos acabados, dimensiones o sistemas de fijación. El peso de un elemento, la resistencia de la superficie sobre la que se instala o las condiciones ambientales pueden hacer que una propuesta inicialmente viable necesite ajustes.
Conviene tener estas cuestiones presentes antes de dar por cerrado el diseño, aunque eso no significa que debamos conocer todos los detalles de cada proceso de fabricación. Los profesionales que producen e instalan la señalética aportan un conocimiento técnico imprescindible, especialmente cuando aparecen limitaciones relacionadas con los materiales, la normativa o las características del lugar.
La colaboración entre diseño y producción permite resolver problemas que difícilmente podrían abordarse desde una sola disciplina. A veces será necesario modificar unas dimensiones, sustituir un material o adaptar un sistema de fijación. En otras ocasiones, una dificultad detectada durante la fabricación puede dar lugar a una solución distinta de la que habíamos previsto.
Lo importante es que esas adaptaciones no se conviertan en decisiones improvisadas que alteren la función o la coherencia gráfica del conjunto. Cuanto mejor se hayan estudiado las condiciones del proyecto, más fácil será realizar los ajustes necesarios sin comprometer el resultado.
Cada espacio plantea un problema diferente
Aunque la señalética comparte una función básica de identificación y orientación, las necesidades cambian considerablemente según el tipo de espacio.
En una clínica, por ejemplo, puede ser importante facilitar que los pacientes encuentren una consulta, una sala de espera o una zona de atención sin tener que preguntar continuamente. La claridad de las indicaciones y su ubicación a lo largo del recorrido adquieren especial importancia, sobre todo cuando las personas no conocen previamente las instalaciones.
En un restaurante pueden convivir necesidades de orientación con elementos de identificación o rotulación que forman parte de la ambientación. La señalética debe cumplir su función sin resultar ajena al carácter del establecimiento, y en ocasiones tendrá que integrarse en espacios donde la decoración ya tiene un peso visual considerable.
Una tienda temporal o una pop-up store introduce otras condiciones. La instalación puede tener una duración limitada, el espacio quizá no permita realizar modificaciones permanentes y puede ser necesario montar y desmontar los elementos con facilidad. Estas circunstancias influyen tanto en el diseño como en la elección de materiales y soportes.
Incluso dentro de un mismo sector, dos locales pueden requerir soluciones completamente diferentes. La distribución, los recorridos, la arquitectura, la identidad visual y los recursos disponibles hacen que una solución que funciona perfectamente en un lugar no tenga por qué servir en otro.