Ilustración de una publicación editorial abierta utilizada como imagen del artículo sobre cómo elegir el formato adecuado.

Cómo elegir el formato adecuado para una publicación editorial

Elegir el formato de una publicación puede parecer una de las decisiones más sencillas de un proyecto editorial, basta con decidir un tamaño y empezar a diseñar. Sin embargo, esa elección condiciona muchos más aspectos de los que suele parecer a primera vista.

Un formato influye en la experiencia de lectura, en el coste de producción, en el tipo de encuadernación, en el uso que se hará de la publicación e incluso en su durabilidad. Por eso, antes de pensar en medidas o acabados, conviene entender qué función va a cumplir y en qué contexto va a utilizarse.

Lo cierto es que no hay un formato mejor que otro sino un formato adecuado para cada publicación. Tratar de averiguar cuál es también forma parte del trabajo de un buen diseñador gráfico.

El formato es mucho más que unas medidas

Cuando hablamos del formato de una publicación es fácil pensar únicamente en sus dimensiones. Sin embargo, esa decisión suele ser solo una de las primeras porque condiciona muchas de las que vendrán después.

No es lo mismo diseñar una memoria anual que un catálogo comercial, un libro que una revista o un folleto que va a repartirse en una feria. Tampoco es igual una publicación pensada para imprimirse que otra que solo se consultará en formato digital.

Antes de decidir un tamaño es necesario pararse un momento y hacerse algunas preguntas. ¿Quién va a utilizar la publicación? ¿Dónde lo hará? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Se leerá tranquilamente o se consultará de forma puntual? ¿Necesita transportarse con frecuencia? ¿Va a imprimirse o solo se distribuirá en formato digital?

Hay que tener en cuenta que una publicación persigue cumplir un objetivo, por lo que todas estas cuestiones influyen en el resultado final y son tan o más importantes que cuando se pasa a diseñar.

Cada decisión tiene consecuencias

Uno de los aspectos más interesantes del diseño editorial es que pocas decisiones vienen solas y hay que tratar de adelantarse a las repercusiones que tendrán cada una.

Reducir el tamaño de una publicación puede hacerla más cómoda de transportar, pero quizá obligue a aumentar el número de páginas o a reducir el espacio disponible para imágenes y gráficos.

Querer disminuir el número de páginas para ahorrar costes puede terminar obligando a utilizar un cuerpo de texto demasiado pequeño o a reducir los márgenes hasta hacer la lectura incómoda.

Del mismo modo, optar por un formato muy visual, con abundancia de fotografías y acabados especiales, implica asumir un coste de producción mayor. No es una cuestión de gustos, sino de entender qué recursos necesita realmente cada proyecto.

Por eso resulta tan importante valorar todas estas decisiones de forma conjunta y no como elecciones independientes. En el estudio nos gusta más pensar en ellas como si fueran un pequeño ecosistema en el que hay que tratar de alcanzar un equilibrio.

Los problemas suelen aparecer al final

Durante la fase de diseño es fácil pensar que todo funciona correctamente. Muchas veces es cuando la publicación ya está impresa o empieza a utilizarse cuando aparecen las consecuencias de algunas decisiones.

Puede ocurrir que un papel demasiado fino haga que la impresión a doble cara transparente más de lo esperado. Que una cubierta sin ningún tipo de protección empiece a deteriorarse tras pocos días de uso porque la publicación va a pasar por muchas manos. O que un formato pensado para verse en el móvil resulte incómodo de consultar desde un ordenador.

También es frecuente descubrir que determinados colores que funcionaban perfectamente en pantalla pierden fuerza al imprimirse, o que una publicación diseñada en color deja de ser igual de clara cuando finalmente también necesita distribuirse en blanco y negro.

Incluso decisiones aparentemente llamativas, como incorporar un troquel, pueden convertirse en un problema si terminan debilitando la estructura de la publicación y reduciendo su vida útil.

Son detalles que quizá no se perciben durante el diseño, pero que el usuario sí nota cuando empieza a utilizar el resultado. Por eso es útil ponerse en el lugar de él cuando estamos decidiendo cosas.

Diseñar también consiste en anticiparse

Buena parte del trabajo en diseño editorial consiste precisamente en prever estas situaciones antes de que aparezcan. Esa capacidad de anticipación suele adquirirse con la experiencia, porque muchas de estas cuestiones solo se hacen evidentes cuando has visto cómo se comportan las publicaciones una vez impresas y utilizadas.

Elegir el formato adecuado no significa encontrar el más atractivo o el más original, sino el que mejor responde al objetivo de la publicación, al presupuesto disponible y a la forma en que va a utilizarse. Es lo que nunca hay que perder de vista.

Elegir el formato adecuado no significa encontrar el más atractivo o el más original, sino el que mejor responde al objetivo de la publicación, al presupuesto disponible y a la forma en que va a utilizarse. Es lo que nunca hay que perder de vista. Precisamente ese tipo de decisiones forman parte de nuestro trabajo de diseño editorial, donde analizamos cada proyecto para encontrar la solución que mejor se adapta a sus necesidades.

Cuando todas esas decisiones están bien planteadas, pasan desapercibidas. La publicación simplemente funciona. Es cómoda de leer, resiste el uso previsto y transmite el contenido con naturalidad.

Y probablemente esa sea una de las mejores señales de que el formato elegido era el correcto. Se suele decir que, a veces, el mejor trabajo es el que es invisible al usuario final.

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