Animación 2D de una bola rebotando

La animación como una herramienta más del diseño

La animación ha estado presente en el estudio prácticamente desde el principio. Ya en nuestros primeros años utilizábamos motion graphics para crear vídeos de presentación y aparecía entre la lista de cosas que podíamos hacer, aunque durante mucho tiempo tuvo un papel secundario. Más que un servicio independiente, era otra forma de demostrar la versatilidad que buscábamos desde que empezamos.

La situación fue cambiando a medida que adquirimos más experiencia y formación, en un momento dado entendimos que había llegado el momento de incorporarla de una manera más clara a nuestro trabajo.

No lo hicimos pensando en convertirnos en un estudio dedicado exclusivamente a la animación. Nos interesaba sobre todo ampliar las posibilidades de los proyectos que ya realizábamos. Una campaña, una ilustración o una identidad podían seguir funcionando de manera estática, pero ahora también teníamos la posibilidad de hacer que cobrasen movimiento cuando existiera un motivo para ello.

Una herramienta más para comunicar

El movimiento tiene una capacidad evidente para llamar la atención. En determinados medios, especialmente aquellos en los que disponemos de muy poco tiempo para captar el interés del usuario, unos pocos segundos pueden marcar una diferencia importante.

Pero llamar la atención es solo una de sus posibilidades. Una animación permite presentar información progresivamente, dirigir la mirada hacia determinados elementos o explicar de una manera sencilla algo que mediante una imagen estática podría resultar más complejo. También puede utilizarse con una finalidad menos informativa y ayudar a construir una atmósfera determinada mediante el movimiento, el ritmo y la forma en la que van apareciendo los distintos elementos.

Esto hace que resulte especialmente útil en piezas para redes sociales, campañas de comunicación, presentaciones o determinados contenidos digitales. En esos casos no pensamos en la animación como algo independiente del diseño, sino como otra forma de desarrollarlo.

Esa es también la perspectiva desde la que hemos incorporado nuestro servicio de animación 2D y motion graphics. No se trata de añadir movimiento porque sí, sino de disponer de un recurso más cuando el proyecto puede beneficiarse de él.

No todo necesita moverse

Que una pieza pueda animarse no significa que hacerlo vaya a mejorarla. Hay situaciones en las que un soporte estático comunica de una manera mucho más rápida y eficaz.

Un cartel es un ejemplo sencillo. Si necesitamos que una persona pueda consultar toda la información de un vistazo, obligarla a esperar mientras los contenidos van apareciendo puede empeorar la comunicación. También podemos encontrarnos con una animación que atraiga tanto la atención sobre sí misma que termine compitiendo con aquello que realmente queríamos contar.

El contexto técnico también importa. Una pieza más pesada puede ser poco adecuada si el usuario necesita descargarla o si sabemos que puede consultarla con una conexión limitada. Introducir movimiento supone añadir posibilidades, pero también condicionantes que debemos valorar antes de decidir si merece la pena utilizarlo.

Captar más atención no equivale necesariamente a comunicar mejor. Igual que ocurre con cualquier otro recurso gráfico, la animación funciona cuando responde a una necesidad del proyecto.

La animación empieza antes de que algo se mueva

Una de las cosas que hemos aprendido al integrar cada vez más la animación en nuestro trabajo es que no siempre puede plantearse como una fase posterior al diseño. Si sabemos de antemano que una pieza va a cobrar movimiento, conviene tenerlo presente desde el momento en que empezamos a crearla.

Una ilustración realizada con apariencia de acuarela, por ejemplo, puede necesitar que sus diferentes elementos se muevan de manera independiente. Si la hemos preparado pensando únicamente en el resultado estático, separar esos elementos posteriormente puede ser complicado o incluso obligarnos a rehacer parte del trabajo. Si sabemos desde el principio que vamos a animarla, podemos construirla por capas y preparar cada elemento para aquello que tendrá que hacer después.

Lo mismo ocurre con muchas otras piezas. Hay que prever qué se moverá, qué partes permanecerán estáticas, qué habrá detrás de un elemento cuando cambie de posición o cómo queremos que se produzca la transición entre diferentes estados.

Esta forma de trabajar ha terminado afectando también a nuestra manera de diseñar. Ya no siempre pensamos primero en una pieza completamente terminada y después nos preguntamos cómo animarla. Cuando sabemos que el movimiento formará parte del resultado, diseño y animación empiezan a desarrollarse juntos.

Diez segundos pueden esconder muchas horas

Una de las particularidades de la animación es que el tiempo que dura el resultado dice muy poco sobre el trabajo necesario para producirlo. Una pieza de diez segundos puede requerir muchas horas antes de que esos diez segundos funcionen como esperamos.

Antes de animar hay que preparar los elementos y decidir qué va a ocurrir con cada uno de ellos. Después entran el movimiento, el ritmo, las transiciones y todos los pequeños ajustes que hacen que la pieza termine resultando natural. Hay que probar, corregir y volver a reproducir continuamente hasta conseguir que las distintas partes funcionen como un conjunto.

Esto también hace especialmente delicados los cambios de última hora. Modificar un elemento cuando la animación está avanzada puede afectar a movimientos que ya estaban ajustados, alterar tiempos o hacer necesario volver a preparar recursos que considerábamos terminados. Algo que en una pieza estática puede resolverse con un cambio relativamente pequeño puede tener muchas más implicaciones cuando forma parte de una secuencia.

Disponer del material necesario desde el principio y cerrar determinadas decisiones antes de avanzar ayuda a evitar buena parte de estos problemas. La brevedad del resultado puede hacer que todo parezca sencillo, pero precisamente conseguir esa sensación suele requerir bastante trabajo detrás.

Una posibilidad más dentro de cada proyecto

Incorporar la animación 2D al estudio no ha supuesto abandonar nuestra forma habitual de trabajar, sino ampliar las posibilidades que tenemos para desarrollar una idea. Seguimos partiendo del proyecto, de lo que necesitamos comunicar y de las personas a las que queremos dirigirnos. El movimiento aparece después, si consideramos que puede aportar algo.

Una identidad corporativa puede no necesitar nunca una versión animada y cumplir perfectamente su función. Otra puede encontrar en ella una aplicación especialmente interesante para redes sociales, una campaña o una presentación. Una ilustración puede funcionar como una pieza terminada o convertirse en el punto de partida de una pequeña secuencia que permita contar algo diferente.

Para nosotros, tener una herramienta más no significa tener que utilizarla en todos los proyectos. Significa poder elegirla cuando es la que mejor nos ayuda a llevar una idea un poco más lejos.

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